Presentación

Presentación

Francisco Niederleytner

Biografía

Francisco Niederleytner nació en la capital del Reino de Valencia hace ya algún tiempo. Es de una década que ha dado muchos y buenos artistas plásticos y hombres de ciencia y técnica: los famosos sesenta. A todos nos vienen muchos e importantes nombres… ¡seguro!

Este ingeniero de telecomunicación, metido a artista, despuntó ya a temprana edad en el mundo de las manualidades. Más concretamente en el del maquetismo. Aunque habrá quien lo tache de exageración, llegó a tener suspendidos del techo de su habitación de estudiante más de ciento treinta aviones de la Segunda Guerra Mundial, entre cazas y bombarderos.

Su amor por el mar es una constante en su vida. Por eso, este capitán de yate se pasó, también de joven, al mundo del modelismo naval: del aire al agua. Primero, en plástico, realizó las maquetas de los principales acorazados de la Segunda Guerra Mundial para, una vez depurada la técnica de la construcción y la decoración, pasarse al artesanal microcosmos del modelismo naval en madera. Y en él sigue actualmente, dedicando a cada maqueta una media de dos años de paciente y meticuloso trabajo, documentándose en cada barco para poder llegar a unos niveles de superdetallado dignos de modelistas profesionales.

El adentrarse en el mundo de la escultura ha sido relativamente reciente. Y fue a raíz de una visita a la exposición del gran escultor valenciano Andrés Alfaro en Rocafort. De él, y de otro reconocido valenciano, Miguel Navarro, parten las ideas para sus primeros experimentos esculturales. Las geometrías de revolución del primero, y las rectilíneas y estilizadas alturas del segundo, son perceptibles en gran parte de la incipiente obra de Niederleytner. Con el tiempo también ha incorporado móviles colgantes en equilibrio, de clara inspiración calderiana, que confieren a sus esculturas la gracilidad de lo etéreo y la armonía del contrapeso.

El tópico de que es la naturaleza quien inspira a este autor es, en este caso, inaplicable. Como buen ingeniero, las máquinas, los artefactos mecánicos, las estructuras en tensión son fuentes de inspiración. Igualmente lo son las grúas, los polipastos, las torres de comunicaciones, los puentes atirantados. De todas estas fuentes beben sus esculturas. También, como no podía ser de otra manera, la arboladura de los buques a vela aparece en su obra: palos macho, masteleros y mastelerillos, perchas y entenas, vergas, botavaras y picos, obenques, estayes, burdas y brandales. El mundo náutico es reconocible en la producción de este artista.

Su obra puede calificarse como náutico-industrial. Otro calificativo que también le encaja es el de náutico-mecánica. Sus piezas las componen elementos que se resisten a permanecer unidos o en equilibrio; elementos que desafían a la gravedad; elementos que distorsionan la percepción de la armonía. Los tornillos y remaches, los cables y tensores, los muelles y contrapesos sirven todos para aunar esfuerzos y conferir a la obra de Niederleytner una originalidad no exenta de cotidianidad. Sus vivos colores hacen que el metal o la madera se perciban con vida propia, que se desprendan de su alma mineral y terrenal y alcancen una trascendencia etérea.

Niederleytner, en definitiva, homenajea con reiterada obstinación aquella frase atribuida al director de cine británico Lindsay Anderson, pues si “toda obra de arte es necesariamente ambigua”, en la obra del escultor valenciano, necesidad y ambigüedad son condiciones intrínsecas en su universo de tensiones y equilibrios.

Jans Göterlich

Pensamientos